Estándares de la Profesión Docente: los nuevos desafíos para la pedagogía de hoy

Richard Warner y José Miguel Olave, integrantes del Centro de Estudios Saberes Docentes, evalúan la medida aprobada por el Consejo Nacional de Educación (CNED) sobre los Estándares de Desempeño Profesional y la actualización del Manual del Buen Enseñar (MBE).

A inicios de este año, el Consejo Nacional de Educación (CNED) aprobó los Estándares de Desempeño Profesional, contenidos en el nuevo Marco para la Buena Enseñanza (MBE), los que permiten dirigir los parámetros en los que se enmarca el ejercicio profesional docente, atendiendo a las diferentes problemáticas y nuevos desafíos de la educación actual.

El CNED ratificó los Estándares Pedagógicos para Carreras de Pedagogía y ocho Estándares Disciplinarios, que corresponden a las carreras de Educación Especial/Diferencial, Inglés, Artes Visuales, Educación Física y Salud, Matemática educación básica y media, Lenguaje y Comunicación Educación Básica e Historia, Geografía y Ciencias Sociales, educación media.

Frente a la educación, las demandas que la sociedad actual necesita han implicado ciertas transformaciones para los sistemas educativos, por un lado, disponer de definiciones curriculares que posibiliten a los y las estudiantes desarrollar las habilidades del Siglo XXI, y, por otro lado, contar con docentes que promueven el desarrollo de dichas habilidades a través de una enseñanza que logre, de manera efectiva y equitativa, aprendizajes significativos.

La actualización del MBE aborda directamente la segunda necesidad, “entregando una herramienta que identifica los saberes y desempeños profesionales necesarios para enseñar los objetivos disciplinares y transversales señalados en las Bases Curriculares y otros documentos”, señala el documento dispuesto por el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP).

Respecto a esta mejora en los estándares, el profesional del Núcleo Currículum, Didáctica y Evaluación, del Centro de Estudios Saberes Docentes, Richard Warner, sostuvo que “es destacable el que se presenten bien equilibradamente los estándares en los tres dominios del MBE: lo disciplinar, el cómo se aprende y el cómo se enseña. Esto da cuenta de una visión contemporánea que permite al docente abordar los estándares desde una perspectiva de mejora continua, que le facilita la toma de conciencia respecto a cuáles son las brechas en su práctica profesional, cuantificarlas, y definir estrategias, para disminuir dichas brechas”.

En cuanto a cómo responde  el marco a la labor de profesores y profesoras, el académico señaló que “los marcos en general, los estándares, permiten de algún modo democratizar el proceso formativo de las y los estudiantes, en la medida que el o la docente desarrolla su trabajo a partir de un piso común para sus estudiantes, piso sobre el cual desarrolla una acción formativa situada, o contextualizada a lo local, pero en donde hay un mínimo común colectivo, que asegura mejores condiciones de equidad en la educación a recibir por las y los niñas, niños y jóvenes". 

En tanto, el Coordinador de Investigaciones de Saberes Docentes, José Miguel Olave, sostuvo que “una primera observación a nivel estructural es la articulación entre los estándares de la Profesión Docente con los Estándares para las Carreras de Pedagogía. Ambos instrumentos en el marco de la Ley de Carrera docente 20.093 de 2016, estructuran la profesión docente, como una trayectoria formativa entre la formación inicial y continua.”

“En esta actualización se incluyen aspectos que, desde la experiencia de profesores/as, están a la base de la pedagogía. Por ejemplo: la preocupación de promover bienestar subjetivo de los integrantes de la comunidad educativa y de la formación ciudadana; promover el aprendizaje inclusivo enfatizando el desarrollo del pensamiento crítico, de las habilidades comunicativas y de trabajo colaborativo entre los estudiantes, junto con procurar una visión más clara sobre la relación entre enseñanza, aprendizaje y evaluación”, señala Olave.

En este sentido, para el coordinador del Centro de Estudios, se reconoce un sentir y un pensar de los y las docentes por una pedagogía situada e integral, basada en el desarrollo socioemocional de todos los estudiantes. Sin embargo, estos avances quedan anclados a la otra cara de las políticas públicas sobre todo a la capacidad de control, ya que los estándares son una forma de construcción de una identidad colectiva. Por otro lado, son instrumentos de abierta desprofesionalización, ya que son parte de una política de evaluación docente con altas consecuencias, entonces pasamos de un estándar entendido como un lenguaje común que construye identidades, hacia una política de estandarización que homogeniza la práctica docente.

En cuanto a cómo responde este Marco a la situación actual que estamos viviendo y, sobre todo, en relación a la labor que llevan adelante profesores y profesoras, el Coordinador Núcleo Currículum, Didáctica y Evaluación, Franco Pinto, señaló que “el Covid-19 ha generado una serie de situaciones de crisis en distintas esferas de la sociedad y, en cuanto a educación, ha desnudado una serie de falencias estructurales y de enfoques de enseñanza, lo que repercutió en que muchas veces los y las docentes desarrollaron nuevas formas de planificar, evaluar y enseñar. No siempre fue posible replicar lo que se hacía de manera presencial mediante plataformas virtuales, puesto que las condiciones materiales de los y las estudiantes, e incluso docentes, no lo permitieron”.

“En este escenario los y las docentes lideraron, propusieron y generaron una serie de diversas estrategias que fueron en la línea de la profesionalización docente, tanto de manera individual como también colectiva, docentes que planificaron y evaluaron interdisciplinariamente, ajustaron sus planificaciones a los contextos de cada establecimiento y estudiantes o generaron procesos evaluativos formativos o centrados en objetivos que articulaban contenidos y habilidades”, agregó.

Para el académico, el nuevo Marco para la Buena Enseñanza “mantiene los cuatro dominios de la profesión docente, los cuales sirven para guiar a docentes y educadores, no sólo en sus propias prácticas individuales y como integrantes de una comunidad educativa, sino que también en el desarrollo de sus estudiantes en cuanto al aprendizaje, en su sentido más amplio, de habilidades para el siglo XXI, habilidades para la vida y la formación integral de niños, niñas y jóvenes. Los estándares de la profesión docente reafirman el compromiso con el desarrollo profesional y la enseñanza para todos y todas, una educación y evaluación inclusiva, contextualizada, diversificada y justa”.

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