Voces Docentes

Ser parte de un momento histórico

Por Carolina Toro Bustamante, profesora de Biología y Cs. Naturales.

Los últimos dos años de mi carrera como docente se han convertido en un tema complicado, en el sentido de estar buscando nuevas formas y estrategias para motivar a los alumnos ya que la modalidad de clases a distancia no es la forma más amigable de interactuar con ellos, ni menos lograr los aprendizajes que ellos deben integrar.

Sin embargo, en este modo pandemia que nos tocó vivir, hay algo que debo destacar de este año y eso es ser parte del grupo de profesoras y profesores que recibimos a la primera generación de niñas que entró a estudiar a nuestro emblemático y muy querido Instituto Nacional. Desde el primer día, mi impresión fue la mejor, si bien las alumnas se mostraron más bien tímidas la primera semana, me enfoque en integrarlas y hacerlas partícipes activas en cada una de mis clases. Lo que obtuve como resultado fue algo maravilloso, ahora las niñas se volvieron participativas, expresando sus ideas y opiniones de forma clara, respetuosa, sin tapujos y dulcemente, es más, son las que más participan de mis clases de ciencias naturales. No temen hacer preguntas, exponer sus razonamientos y si surge algún cuestionamiento por parte de sus compañeros, saben responder con argumentos sólidos, siempre bajo el margen del compañerismo y respeto, al cuestionamiento al cual fueron emplazadas

En relación a lo que he podido observar respecto a la recepción de sus compañeros, veo que no es tema que ahora no sean un curso de solo hombres como históricamente ha sido en nuestro colegio, ya que la mayoría provienen de otros colegios, donde han crecido relacionándose juntos niños y niñas tal como es en la sociedad.

Siento que si bien todo cambio al principio conlleva una serie de complicaciones y tiempo para adaptarse, la decisión de hacer este cambio en nuestro colegio no solo se muestra como un gran desafío para toda la comunidad, sino que veo en él una gran oportunidad para que con la ayuda de la integración femenina a nuestras aulas comencemos a formar no solo en conocimiento a alumnos y alumnas, sino también en otros aspectos como los valóricos, con más conciencia social y de su entorno, desarrollar mayor empatía por el otro, dejar de lado las diferencias odiosas que por siglos nos han acompañado haciendo notar las diferencias que hay entre hombres y mujeres y nos centremos en enseñarles el trabajo colaborativo, respetuoso y a potenciar las habilidades y capacidades que tenemos todos por igual, sin discriminar ni hacer sentir mal al otro. Siento que vamos bien, acorde a los tiempos en que vivimos y espero vivir todo este proceso hasta ver que nuestro querido Instituto Nacional se volcara más en la esencia del ser humano como un todo.


"El Pilar de Equidad de Género es aire fresco, es una posibilidad, es una oportunidad de que todos y todas mejoremos, que el Instituto se mire hacia adentro y sea cada vez mejor"

Por Marcela Dávila, profesora de Historia.

Participar en el Pilar de Equidad de Género no sólo ha sido una experiencia enriquecedora, ha sido más, ha sido una bocanada de aire fresco, parecido a un sorbo de esperanza y no porque no me encontrara a gusto en mi espacio de trabajo, si soy sincera, estos 12 años en el Instituto Nacional han sido bellos, he conocido a gente maravillosa y siempre he estado rodeada de estudiantes que me desafían, me enseñan y me empujan a ser mejor.

Pero cada vez que recorría los pasillos, parecía que algo faltaba, sucedía que todo lo que se construía dentro del instituto partía de una lógica de exclusión, no entendía porqué la condición de ser mujer no permitía que todas las personas experimentaran lo que yo vivía diariamente en el IN con mis estudiantes, no entendía porqué no discutíamos acerca de ello, cuánto tiempo tenía que pasar para que nos preguntáramos por la verdadera finalidad de la educación, como un espacio inclusivo y de transformación. Finalmente en el 2018, enmarcada en una marea morada que las estudiantes secundarias hicieron chocar con las paredes del Instituto, esa discusión se inició, fue difícil, era un proceso nuevo, que obviamente encontró trabas, pero con la compañía de un grupo de excelentes profesionales de la Universidad de Chile que parecían dispuestas y con fuerza para generar un cambio importante en nuestro colegio, las personas que creíamos que era posible, empezamos a ver una luz al final del túnel.

Luego de desarrollada esa discusión y dirimida la problemática de la entrada de mujeres al IN, llegamos al año 2020, con las ilusiones floreciendo por todas partes, pero sin ver aún las transformaciones reales, en ese momento se firma el acuerdo de cooperación con la Universidad de Chile, que invita a participar en este nuevo Pilar y ahí parece que llegó una bocanada, un sorbo de esperanza de que las cosas iban a empezar a cambiar, que iban a girar su dirección hacia un espacio en donde todas las personas pudieran participar de ese instituto que yo conozco, que por supuesto tiene sus falencias, pero que encuentra su esencia en cada sala, en cada discusión, en cada reflexión que de a poco logramos todas las personas que lo habitamos.

El trabajo del Pilar en el año 2020, fue conocernos, decirnos las cosas que nos pasaban, encontrar un espacio de expresión para las personas que sentíamos que el género era una discusión necesaria (estuvieran o no las niñas, porque sabíamos que las diversidades siempre habían habitado en el Instituto) fue un año para ponernos objetivos, los que logramos consensuar en una propuesta que incluye 5 dimensiones, a saber:

  • Modelo Educativo
  • Creación de un Comité de Género
  • Diagnóstico Comunitario
  • Perspectiva de Género en los Instrumentos de Gestión y Normativa Escolar
  • Reflexión y Formación Comunitaria

Fue también un momento para saber lo que queríamos y abrir puertas, desde donde pudiéramos trabajar en los objetivos propuestos, sin duda se presentaron dificultades y trabas, pero las fuimos sobrepasando en un trabajo continuo y dialogado, así se nos esfumó el primer año de funcionamiento, y nos fuimos con las cabezas llenas de ideas y proyectos a las vacaciones de verano, esperando que la pandemia diera tregua y que pudiéramos volver a trabajar y vernos en el 2021.

Lamentablemente el 2021 nos recibió con un marzo con más pandemia y confinamiento, pero eso no nos detuvo, más fuerza encontramos cuando nos comunicaron que iban a llegar las niñas, quisiéramos haberlas recibido a todas con un pañuelo morado y un abrazo en la puerta del colegio y decirles que las estábamos esperando hace tanto tiempo, esto no fue posible, pero en ese momento nuestro Pilar comenzó a agarrar una fuerza incalculable, que se ha ido plasmando en las actividades que con mucho esfuerzo y cariño hemos preparado este año, actividades desafiantes, que han requerido que todos y todas los y las integrantes de la comunidad muestren una disposición especial para realizar, y así ha sido.

Obviamente hay críticas, puntos que mejorar y muchísimo camino por recorrer, pero como lo he dicho desde el inicio de estas líneas, el Pilar de Equidad de Género es aire fresco, es una posibilidad, es una oportunidad de que todos y todas mejoremos, que el Instituto se mire hacia adentro y sea cada vez mejor, el Instituto Nacional es más que una idea de lo que se cree de esta institución, es las personas que lo componen y por eso todos los espacios de crecimiento para esas personas, son también una posibilidad de construir un Instituto sin sesgos de Género, desde una perspectiva de Equidad, con Igualdad, Justicia Social y muchos más espacios para participar.

En esta línea, nos quedan muchos desafíos para este año que esperamos sigan aportando en la transformación, como por ejemplo, abrir un curso sobre diseño pedagógico, género y diversidades, con foco en sesgos de género, para apoyar a los profesores y las profesoras en la creación de clases e instrumentos de evaluación con perspectiva de género; también hemos echado a andar la planificación y creación de una unidad de género y diversidades sexuales y, además, creemos que es urgente y necesario generar una articulación con convivencia escolar y desarrollo curricular, para implementar de manera transversal la idea de una educación no sexista que reconozca e incorpore las diversidades sexuales y las distintas identidades de género que están presentes dentro de la institución, y que han sido históricamente silenciadas .

Finalmente, quisiera decir que este Pilar, es la posibilidad de reflexionar y aportar en la generación de una educación con perspectiva de género, verdaderamente inclusiva, crítica, amplia y no sexista,  en donde todas las personas sin distinción, puedan encontrar un espacio de formación, de opinión y de desarrollo integral de todas sus potencialidades, el camino hacia la utopía es largo y arduo, pero ya tenemos la primera bocanada de aire, el primer sorbo de esperanza, para recorrerlo hasta el final.

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